¿Qué es lo que nos hace llorar, París?

¿Qué es lo que más nos impresiona de los atentados de París? 

¿El número de personas que han muerto? Es el mismo número de seres humanos que muere en Beirut cada tres días; que mueren en Afganistán en la mejor de sus semanas; el número de mujeres lapidadas en la mejor de las quincenas. Y peor aún: son las personas que han muerto de hambre en los seis minutos que has estado viendo la noticia de los atentados de París. Y apenas le duele a alguien. Fanatismos, unos ideológicos y otros económicos, por los que nadie puede morir en ningún lugar.

¿Será entonces que lo que más nos conmueve de los atentados de París es el ataque directo a nuestro status quo? La sensación individualista de vulnerabilidad, de que suceda algo inesperado en el sistema en el que vivimos. De que nos podría pasar a cualquiera. Cuando nos montamos en un coche, lo hacemos conociendo la probabilidad de un accidente. Cuando entramos en una discoteca, no pensamos en la probabilidad de un ataque terrorista. Los que lloramos por París sentimos tan lejos la probabilidad de morir de hambre, como sienten los que morirán de hambre la probabilidad de morir acribillados en una discoteca europea.

Es esa ruptura del status quo por la cual lloramos hoy, y cuya vulnerabilidad nos aterra, la misma que nos impide actuar ante las 25,000 muertes diarias por hambre o pobreza. Porque esas muertes causadas por el fanatismo económico no se evitarán dando limosnas a organizaciones, ni esperando que todo cambie espontáneamente, sino cambiando la forma en la que nos alimentamos (porque no alcanzan tantas proteínas animales para toda la humanidad), la forma en la que consumimos (porque no miramos el impacto que ha tenido ni tendrá lo que compramos), nuestras prioridades, los valores que transmitimos… Nosotros, los que nos beneficiamos del libre mercado, no queremos perder “el mundo feliz” que nos han vendido. Por eso cerramos nuestras fronteras. Y es que, para que unos pocos vivan muy bien, estamos muchos que debemos consumir con sus reglas, muchos más que se quedan fuera del reparto, y 25.000 personas que mueren al día por no tener nada.

Lloremos por los que han muerto tan terriblemente en París y mueren en tantos lugares por fanatismos ideológicos.

Pero no olvidemos llorar y actuar por las 140 personas que cada cinco minutos, desde hace muchos años, siguen muriendo a pesar de que podemos evitarlo. Y seguirán muriendo silenciosamente. 25,000 seres humanos al día por hambre o pobreza; por el fanatismo económico de creer que no podemos cambiar nuestro modelo de consumo, la forma en la que compramos, nuestro modelo económico. ¿Es que sus vidas valen menos por nacer en otro lugar? Todas las muertes son igual de injustas. No hay ciudadanos de primera y de segunda.

Nuestro modelo es vulnerable. Y hace vulnerable, por distintos motivos, a 2 de cada 3 personas en el planeta. ¿De verdad no estamos dispuestos a cambiar estas cifras?

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Algunas fuentes:

200620092896

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